La Siguanaba Honduras

En los rincones más profundos de Honduras, donde el monte se cierra y los ríos murmuran secretos antiguos, hay un nombre que aún provoca escalofríos entre los que caminan solos por la noche: la Siguanaba.

Mucho antes de que se convirtiera en espíritu, la Siguanaba fue una mujer de carne y hueso. Su nombre original se ha perdido en el tiempo, pero todos coinciden en que era hermosa como pocas. Su cabello negro caía como cascada, su piel parecía tallada en leche y miel, y su andar hipnotizaba a quien la viera.

Estaba casada con un hombre de gran poder, un guerrero o un hacendado, dependiendo de quién cuente la historia. Tuvieron un hijo, pero a ella no le interesaban ni la maternidad ni la fidelidad. Se pasaba los días arreglándose, burlándose de su esposo, dejando a su hijo al descuido mientras se entregaba a la vanidad y al juego con otros hombres.

Su castigo no tardó en llegar. Al descubrir su engaño y su abandono, su esposo la maldijo con palabras que le quemaron el alma. Pero otros dicen que fue el mismísimo espíritu del monte quien la condenó, harto de su crueldad y desprecio por la vida. Desde entonces, su belleza fue su prisión: estaría condenada a vagar por la eternidad, usando su apariencia para atrapar a los mismos hombres que antes manipulaba.

La Siguanaba aparece de noche, cerca de los ríos, lagunas, cañadas o caminos desiertos, sobre todo cuando la luna está alta y el silencio pesa. A veces se la ve de pie, otras agachada, como si lavara ropa o se peinara con un peine de hueso. Su vestido blanco brilla como niebla, su cabello cae largo y liso, cubriéndole el rostro.

A los hombres les parece una dama misteriosa, joven y hermosa, y la siguen, encantados, como si no pudieran evitarlo. Ella no dice una sola palabra. Solo camina, siempre unos pasos por delante, llevándolos más y más lejos del camino seguro.

Cuando por fin el hombre intenta acercarse, la mujer se detiene... se da la vuelta lentamente... y muestra su verdadero rostro.

Algunos la ven con cara de caballo. Otros con el rostro completamente desfigurado, podrido, con ojos huecos que brillan como carbones encendidos. Hay quienes aseguran que no tiene rostro en absoluto, solo una máscara negra de vacío. Pero todos coinciden en algo: el terror es absoluto.

Los que sobreviven a su encuentro quedan locos, mudos, o corren hasta el amanecer sin saber a dónde. Muchos se lanzan al río. Otros se pierden para siempre.


La Siguanaba es asi:

  • Se ve como una mujer hermosa, de figura esbelta, con un vestido blanco y suelto.
  • Tiene el cabello largo, brillante y negro, que le cae por la espalda o cubre su rostro.
  • Suele aparecer de noche, cerca de ríos, quebradas o caminos solitarios, especialmente si hay luna llena.
  • A veces se escucha su risa o un canto suave, que atrae a los hombres como si fuera una sirena.
  • Se da la vuelta lentamente… y su cara es la de un caballo. Otras versiones dicen que es un cráneo espeluznante o sin rostro.
  • Su risa se vuelve tenebrosa.
  • El hombre cae al suelo del miedo, se vuelve loco, o se pierde en el monte y no regresa jamás.